lunes, 13 de abril de 2015

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Alenka Zajic mide las emisiones electromagnéticas de varios componentes de un ordenador. Fuente: Rob Felt/GT
Ya no es suficiente trabajar sin conexión a una wifi pública para sentirse a salvo de los hackers. Un pirata podría vigilar un ordenador analizando simplemente las señales electrónicas de bajo consumo que emite, incluso cuando no está conectado a Internet. Y los teléfonos inteligentes pueden ser aún más vulnerables a este tipo de espionaje. 

Para tratar de combatirlo, un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia (GT) en Estados Unidos estudia dónde se originan las fugas, para poder ayudar a los diseñadores de hardware y software a desarrollar estrategias con las que combatirlas. "Lo habitual es centrarse en la seguridad de Internet y el ámbito de la comunicación inalámbrica, pero a nosotros nos preocupa lo que se puede averiguar sin enviar nada intencionalmente", explica Alenka Zajic, profesora en GT, en un comunicado de la universidad. 

Mediante el estudio de las emisiones procedentes de varios equipos, los investigadores han desarrollado una métrica para medir la fuerza de las fugas -conocidas técnicamente como señales de canal lateral- y priorizar así los esfuerzos de seguridad. Los resultados de la investigación se presentaron en diciembre en el 47 Simposio Anual IEEE/ACM de Microarquitectura, celebrado en el Reino Unido. 

Aunque no hay constancia aún de hackers que utilicen este tipo de ataques, los investigadores creen que es sólo cuestión de tiempo. Prueba de ello, fue la revelación hace un año por el rotativo estadounidense The New York Times sobre un programa que permitía a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) entrar en ordenadores sin conexión a internet, a través de un sistema de ondas de radio implantado en casi 10.000 equipos de todo el mundo. 

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